Babas Verdes


El mosquito tigre
Agosto 20, 2006, 2:12 pm
Archivado en: Columnas

Mide cinco milímetros, es negro con rayas blancas y cuando quiere joder, jode. No, no estamos hablando otra vez de algún pobre inmigrante, sino de Aedes Albopictus, más conocido por sus detractores como “El Mosquito Tigre”. La primera vez que lo vieron fue en San Cugat del Vallés, en agosto del 2004. Estaba solo y nostálgico, y como era de noche y es asiático, todos lo miraban con sospecha. Pocos sabían que El Mosquito Tigre —a quien nos dirigiremos desde ahora como EMT— sólo pica de día, y lo hace mirando directamente a los ojos de su víctima, generalmente algún europeo rosadito y bien alimentado. Sacando su súper aguijón —dicen que puede atravesar incluso la ropa— y apretando bien sus dientes de insecto, EMT se lanza sobre ese jugoso pedacito de piel que lo hará vengar, sobre la cancha de los locales, ese sentimiento que los portugueses conocen como saudade, y que sólo los extranjeros, insectos o no, reconocemos en nuestras miradas al toparnos por la calle. Algunos testigos aseguran haberlo escuchado murmurar la palabra “toma” mientras atacaba a sus primeras víctimas en la península.

“Mosquito” le llaman y todos le temen. Llegó hace un año a Cataluña y hoy amenaza con extenderse a toda España, exceptuando las zonas desérticas. Es que EMT no es tonto. Ya dijimos que ni bien llegó se fue a vivir a San Cugat, aunque no sea pijo, ni piojo, sino más bien una especie invasora como el visón americano, el mejillón tigre, el pato mavasía jaimacensis o la cotorra argentina. Esta última se ganó bien la chapa. Digamos que es bien parecida a los humanos hembra de esa zona. ¿Alguien me pasa un matamoscas?

 

Para lograr entender mejor la psiquis y las dizque oscuras intenciones de EMT debemos recurrir a los estudiosos. El entomólogo del servicio de control de mosquitos del Baix Llobregat, Roger Eritja, (perdone, ¿en que trabaja usted? Soy entomólogo del servicio de control de mosquitos del Baix Llobregat) ha sido el primero que apuntó con el dedo índice a nuestro amigo. Hoy, es la misma Generalitat de Cataluña la que se está encargando de la situación porque, según el Doc Eritja, la situación está superando el ámbito de lo municipal. Ya lo han planeado todo para terminar con EMT. A pesar de ser una especie con un rango de adaptabilidad muy alto, la Generalitat y un escuadrón especial de las Fuerzas Armadas han contratado a la bacteria Bacillus thurigensis para exterminarlo. Bacillus, quien a pesar de su nombre es uno de los asesinos a sueldo más serios que se conocen, dice tener el arma perfecta para lograr su cometido: cobre metálico. Otra vez el vil metal para derrotar a los más débiles.

Toda esta campaña está basada en una alerta que tiene a muchos habitantes en sincero pánico. Dicen que si EMT se propaga puede llegar a convertirse en portador del dengue y la fiebre amarilla, además de transmitir enfermedades víricas a los animales. Después dirán que EMT le pega a su mujer, que tiene una pandilla y que escucha reggaeton borracho mientras destroza la ciudad en la que decide instalarse. Por cierto, nadie sabe como llegó hasta Cataluña. Ni siquiera el Doc Eritja. Pero como vuela entre 100 y 150 metros, se especula que llegó desde Italia con el transporte internacional de neumáticos usados, un hábitat ideal ya que en ellos se acumula materia vegetal en descomposición y agua. Si, igual pudo venir en alguna línea aérea. Aunque fácil le hubieran cobrado el agua.

 

EMT no está solo. En su desesperación quiero decirle que en España viven varias especies de mosquitos que tienen costumbres parecidas a las suyas. No en vano, Eritja y sus discípulos han recomendado recoger ejemplares y enviarlos en un recipiente, sin alcohol u otros conservantes, al servicio de control de mosquitos del Baix Llobregat o al Laboratorio de Entomología de Majadahonda en Madrid. También pudo recomendarnos que nos metiéramos en un tupper y no saliéramos de ahí hasta próximo aviso. Pues no señor Eritja. Si de algo estoy segura, aunque ya dije que EMT no es ningún pobre inmigrante como yo, es que si nos sentáramos en un bar a tomar una caña, nos entenderíamos al primer zumbido.


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