Noche azulgrana
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Agosto 20, 2006, 2:25 pm
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La convocatoria llegó vía email: El miércoles 17 de mayo un grupo de amigos quedaba en reunirse para ver la gran final de la Champions League, Barza vs. Arsenal. Con mi usual simpatía acepté (yo era una de las destinatarias del entusiasta correo) acudir a la cita no sin antes dejar bien en claro, y en negritas, que un partido entre un equipo catalán y otro inglés me importaba cuatro pitos y que en el fondo deseaba que ambos perdieran. Soy una peruana amargada. O eso creía.
Y también impuntual. Diez minutos de espera son demasiado para los europeos. Ya en la plaza Rius y Taulet me disculpo sin mucho éxito y propongo ir a un bar en la calle Torrent de l´ Olla, una concurrida vía del barrio de Gracia, al norte de Barcelona. Para mi desgracia y la creciente rabia de la comparsa, el bar era inglés (pero bueno, tiene la mejor pantalla plana de la zona). “No pienso ver la final en un bar de guiris” sentenció alguien por ahí. Bien dicho, lo vimos en uno cubano.El Elsa Bar le debe su nombre a la cubana más fanática del Barza que he visto en mi vida. A la única para ser sincera. Santitos, velas, la azulgrana bien puesta (y hasta pintada en las mejillas) y cada dos segundos, el himno de los “culés” a todo volumen anunciaban, por lo menos, una noche pintoresca. Luego de dos cervezas, un gol anulado, un portero expulsado y cinco papelitos teledirigidos al gringo cabezón que nos tapó la mitad del primer tiempo, el bar enmudeció. El central inglés Campbell metía un golazo de cabeza, el primero para el Arsenal y un británico despistado y muy poco flemático para decir la verdad gritó goal desde algún imperceptible lugar de la barra. Lo hubiera linchado. Elsa en cambio lo miró con detenimiento, se dirigió a su equipo de sonido, puso play y vociferó: “¡no nos van a ganar desgraciaos!” El himno sonó otra vez y algunos empezaron a aplaudir y a tratar de animarse. Hasta un “¡vamos carajo!” se escuchó por ahí. En la derrota, amigos.
Perder es algo que nadie sabe hacer mejor que un peruano. Desde que tengo uso de razón el Perú siempre ha perdido y esa afirmación, ustedes perdonaran, no es consecuencia de mi amargura sino más bien la causante. El único momento glorioso que recuerdo haber vivido fue en Seúl 88, cuando el voley peruano estuvo a punto de coronarse campeón olímpico. Perdimos. Lo que es peor es que esas derrotas, al menos en mi experiencia, siempre van acompañadas de absurdos diálogos con Dios, “por favor, señor, ya no jodas pues, esta vez al menos haz que gane el equipo que quiero que gane, además es el Barza, es mejor que el Arsenal, es lo justo, y la felicidad de toda la ciudad en la que vivo depende de eso, ya pues, ya se que estás ocupadazo y que tienes problemas serios, pero la alegría de tanta gente también es seria y…” Dios nunca contesta. El medio tiempo llegó y con él, el convencimiento de que la culpable de la derrota era yo. Lo confesé ante mis amigos: “Yo soy el mal agüero”. Ellos, con una seriedad aplastante, me invitaron a salir un rato. Me quité a la calle y me senté en una grada. Ahí, mi prima y dos amigos peruanos más se unieron a mi frustración y recordamos todos juntos y en familia lo que estamos tan acostumbrados a sentir, la derrota.
El segundo tiempo arrancó con un Barza desesperadamente ofensivo y un Arsenal con 10 hombres en la cancha. Un pakistaní que vendía rosas me preguntó como iba el encuentro. “Perdemos 1 a 0”, le respondí para verlo alejarse y entrar al Elsa. Al segundo, un estruendo sacudió Barcelona. Eto´o había conseguido el empate, Elsa había comprado todas las rosas del pakistaní y las lanzaba sobre sus eufóricos clientes y yo corría en busca de mis amigos. Fue un abrazo que hasta hoy me pone la piel de gallina. Luego, emocionada y ya dentro del bar, decidí enviar un mensaje de texto a mi tío Carles. “Seremos campeones, visca el Barza” me descubrí escribiéndole en catañol y justo cuando lo envíe, el brasileño Belletti marcó el segundo para el equipo catalán y luego de 14 años de no ganar la copa europea, la victoria parecía quedarse en casa esta vez.
El pitazo final fue un solo de gritos. La fiesta duró dos días. Dos días de bocinazos, de borrachera en las calles, de autos con banderas, de niños y ancianos despiertos a las tres de la madrugada, de gente con una sonrisa imborrable, bailes, saqueos y desmanes también, pero bueno, habíamos ganado. Así, en plural. Porque esa noche, todos fuimos del Barza y la ciudad se tiño de dos tintas, azul y granate. Porque cuando Elsa, con sus 60 años, puso We are the Champions, el clásico de Queen en su pequeña radio, todos gritamos aquella parte en la que Mercury deja bien en claro que sólo se consigue la victoria cuando se lucha hasta el final. Ojalá alguna vez pueda sentir eso en mi país. Al menos yo, aún no me rindo.
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que buena crónica Vero!. Que tal noche aquella, como me voy a olvidar, nos mirabamos todos y deciamos ni caganado y ese abrazo también lo tengo grabado y me pone la piel de gallina. Esta de puta madre la pagina, falta juntarnos con la gorda, unas chelas y cagarnos de la risa como siempre. un besote, jose luis
Comment por jose luis Junio 23, 2007 @ 3:25 pm