Babas Verdes


Toto y yo
Agosto 20, 2006, 2:21 pm
Archivado en: Columnas

En un baño público de Canadá mi madre experimentó una nueva y placentera sensación. Sola, sentada sobre un pulcro retrete, en un aséptico recinto de mayólicas y olor a pino, orinó. Pero lo que hizo que abriera los ojos, mirara al techo y sonriera agradecida no fue sólo la simple satisfacción de ese cotidiano acto, sino un sorpresivo chorrito de agua tibia que provenía de algún lugar del moderno water canadiense y que funcionaba como un bidet teledirigido y automático. En el Perú, cualquier chorrito tibio que salga del trono sería sumamente sospechoso y uno terminaría refregándose el poto durante horas con tal de eliminar el traumático accidente. Gracias a Dios, mi madre estaba de viaje y era feliz.


En una familia numerosa y acostumbrada a la gran herencia francesa del bidé (hay gente que lo encuentra asqueroso, pero para mí, un buen chorro de agua, es mucho mejor que cualquier papel higiénico con dibujitos y suavidad), es natural que esa pequeña anécdota genere revuelo. Así fue como, luego del asombro, vino la rigurosa investigación. ¿Quién había inventado los retretes de alta tecnología, con calentadores de asiento y chorros de agua multidireccionales (deje usted volar su imaginación sobre todo si es mujer)? Pues, si. Un japonés.

Su nombre es Toto, una pequeña compañía que hizo fortuna al adquirir en 1968 a una pequeña empresa americana una licencia de retretes que se transformaban automáticamente en bidé, concebidos originalmente para discapacitados y ancianos. Sin embargo, parece que sus bondades atrajeron también al resto. Así, las colas y peleas para sentarse en Toto (hubo quien le metió cabe a un cojo con tal de entrar primero) fueron el detonante para que lanzará su noble invento a todos los culos del mundo. Desde entonces, los retretes electrónicos, muy populares en Japón y asombrosos para los extranjeros de paso, han conocido numerosas mejoras: asientos con calentador, chorros de agua tibia, música ambiental y gorgojeo de pájaros para cubrir los ruidos embarazosos.

En Estados Unidos la novedad se ha convertido en religión (once again). Es por eso que el mejor fabricante de waters del mundo anunció la construcción de una nueva fábrica en México para responder al enorme interés que sus productos han suscitado en gringolandia. La nueva fábrica costará casi cuatro millones de dólares y dará trabajo a 260 personas cuando sea inaugurada en enero de 2008. Gracias a ella, Toto prevé vender tres mil retretes al mes a Estados Unidos, mil más de los que vende actualmente. Y es que señores, ustedes disculparán, pero cada vez hay más mierda en este mundo. El último modelo permite analizar la orina, medir la presión arterial y la proporción de grasa en el cuerpo, así como pesar la masa corporal. Y no se sorprendan si pronto ven el water PlayStation Home Theater con crucigramas intercambiables en pantallita de plasma con control remoto para jalar desde el pasadizo cuando uno por fin regresa, feliz y renovado, a su quehacer diario.

Es una pena que en Barcelona, Toto no exista. Tanto mi water como mi cadena tienen inscripciones romanas. Y después me dicen que coma fruta.


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